Durante el siglo veinte, los Paises-Bajos se han vuelto famosos por su mecenado en el mundo del arte. De distintas formas, el artista, como el discapacitado o el parado, tiene accesso a ayudas financieras por parte del estado. Este programa destinado a la promoción de la cultura está emparejado con una maquinaria museal altamente jerarquizada. Así un artista muy a menudo tiene que promoverse en conformidad con las etapas estipuladas por el sistema. Es sólo en una medida mínima que Saskia Olde Wolbers (Breda, 1971) tuvó que atenerse a este recorrido. Desde que acaba los estudios en 1996 y empieza a trabajar con el video, el mundo del arte tanto europeo como estadouniense ha sido unánime en aceptar su trabajo.

Antes de que el Stedelijk Museum comprara su úlimo trabajo, Trailer (2005), y decidiera exponerlo como parte de una retrospectiva, Saskia tuvo en el año 2000 su primera exposición individual en el Stedelijk Museum Bureau en Amsterdam. El ‘Bureau Amsterdam’, nombre por el cual es mejor conocido, es una institución de carácter experimental que promociona a artistas y conservadores jóvenes en Holanda. También funciona como antesala del prestigioso museo municipal de Amsterdam, el Stedelijk. Hoy en el tercer piso del antiguo edificio de correos, cerca de la estación central, que acoge temporalmente al museo, se puede apreciar una selección de cuatro video instalaciones monumentales por Olde Wolbers. Impactante es la coherencia formal y conceptual de estas obras, fascinantes su esthética relamida y relatos que recuerdan tanto a la sciencia ficción como a historias tomadas de columnas del periódico. Las obras de Saskia se distinguen de las de otros artistas que trabajan con el video por la importancia que tienen en ellas el lenguaje hablado. A pesar de que Olde Wolbers haya empezado a trabajar con el video a finales de una década, la de los 90, muy floreciente para el medio, supo utilizarlo a fines propios. A diferencia, por ejemplo, de los famosos Cremasters de Matthew Barney, de cuya estética onírica y baroca los videos de Olde Wolbers algo tienen, estas últimas toman sus raices en historias cortas que el espectador escucha a la vez que mira una sucesión de imágenes. Todas estas historias contadas en un tono de voz monótono tienen que ver con el tema de la identidad en lo que atañe a experiencias traumáticas y la imposibilidad de entenderse a uno mismo en términos fijos. Tanto el contenido de estas historias que escribe ella misma –como sus imágenes– constituyen una reflexión poética acerca del moviemento constante que mejor describe la naturaleza humana, una pura contingencia. En el mundo de Olde Wolbers como en las teorías postmodernas del ser todo es fluidos y flujos, un juego de illusiones en el cual appariencias y realidad ya no se pueden distinguir.  Esta incertidumbre que oprime los carácteres ficticios de sus obras cuya presencia sólo se oye pero no se ve, también forma parte de la experiencia y proceso de creación de las imágenes. A pesar de que se puedan confundir con imágenes de síntesis, éstas resultan de maquetas construidas a mano por Olde Wolbers a partir de materiales vulgares y objetos encontrados. Untadas en pintura, u otra sustancia liquida, y sumergidas en el agua, objetos y lugares flotan y se descomponen recordándonos lo relativo de nuestras sensaciones, del espacio y del tiempo. ‘El Ojo Colgante’ (‘The Falling Eye’), condición medical inventada que abruma a uno de los personajes de Olde Wolbers, también podría referirse al precio que hay que pagar para acceder al movedizo y fantástico mundo creado por la artista holandesa.

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