Para quienes sigan pensando que hermetismo y apariencia aburrida son parámetros claves para juzgar del contenido e impacto crítico de una obra de arte, les aconsejo que vayan a saborear las obras del artista italiano Antonio Riello. Estas hacen mucho con poco (o eso parece) y no hay nada a lo cual se pueda comparar el gozo que nos proveen (con excepción, igual, de las películas de Quentin Tarantino). En todo caso, consiguen establecer relaciones críticas entre mundos e ideas diametralmente opuestos a primera vista. ¿Quién hubiera pensado, por ejemplo, que el mundo militar tuviera algo que ver con el del arte y su Historia? Con sus armas de porcelana, sus frescos barrocos pintados sobre aviones y submarinos reducidos y sus monumentos famosos hechos de terrones de azúcar o de cartas de baraja, Riello de-construye de forma lúdica símbolos nacionales y pone en duda lo inofensivo del establecimiento de tradiciones y de conocimientos específicos. ¿Que tiene que ver la construcción de una identidad particular, sea ésta nacional, de clase o de genero, con la cultura popular, el arte y la guerra? Todo, diría probablemente Riello, porque el establecimiento de cualquier sistema simbólico siempre tiene por base la exclusión cuya maxima expresión se halla en las empresas belicosas. Las obras de Riello consisten en tantas bombas, de manera figurada y literal, que hacen estallar y estallan gracias a nuestras risas, porque no hay nada mejor que el humor para abordar y tratar a los temas mas delicados.  
  

 

> CLOSE Window

Comments are closed.

Camera Littera on