Vestida de un azul pálido que recuerda a las madonas de altar, una niña nos mira con ojos risueños. Unas perlas demasiado preciosas adornan su cuello de piel infanta y hablan de deseos que no puede concebir todavía. Detrás suyo, las luces que habían orientado sus pasos parecen ahora transformar la estrada en una gigantesca trampa llevándola quizás, muy pronto, hacia la Nada. La escena resulta a la vez tierna y espantosa, soberbia y desesperante. Requiriendo varios meses de preparación y un manejo preciso de las herramientas numéricas mas desarrolladas, cada una de las obras fotográficas de los hermanos Sanchez constituye un ingenioso dispositivo que nos lleva al corazón de la vida diaria y de su inquietante extrañeza. Gracias a puestas en escena elaboradas y un uso poético de símbolos, Carlos y Jason trabajan la fotografía como si de pintura se tratara. Atestiguando de una estética refinada y de un gusto pronunciado por los detalles, elaboran composiciones que no fallan en fascinarnos a la par que nos producen una sensación de desasosiego. Con apenas 25 y 30 anos de edad, estos jóvenes canadienses de origen español ya consiguen dar una imagen conmovedora de la vida, una imagen que tiene el poder de despertar nuestros deseos a la vez que revelan sus mismos rasgos funestes. Inspiradas por historias personales, escuchadas o leídas en los periódicos, estas obras exquisitas e insolentes nos hacen ver la existencia bajo otro día.  

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