Mitsy Groenendijk

Acerca de la serie de escultura ‘People See, People Do’ por Mitsy Groenendijk

A lo largo de la historia y de manera cada vez renovada, el hombre se ha dedicado a dar significado al mundo. A imagen de éste, en cuya superficie, una y otra vez, se han impreso ideas y valores distintos, el mono también se ha convertido en un objeto significante maleable a voluntad. En las sociedades occidentales, es el discurso científico que se encarga de definir, categorizar y excluir: el mono es “pariente” de una extraña semejanza, tan útil como inoportuna. Recordándonos demasiado a nuestros orígenes simios, nos ayuda sin embargo a conocernos mejor y es tenido a distancia segura a travès de risas y –de manera màs trágica- de experimentos dudosos. Los monos de Mitsy Groenendijk de la serie “People see, People do” (“La gente ve, la gente hace”) nos devuelven esta mirada inquisitiva y colonizadora para desarrollar un nuevo tipo de antropología, aquélla escrita por simios. Ya sea de pie, tumbados, asustados a veces, abrazándose, con dos caras o meditando, se dedican sobre todo a una cosa: a mirarnos. Lejos de sentirse atrapados o de sufrir por la observación a la que se ven sometidos, se exhiben complacientemente en un gesto de útlima insumición y, cristalizándose alrededor de sus ojos brillantes, cada postura y cada gesto “de yeso” nos recuerda a una fórmula, a un acto cliché. Fieles a su fama de imitadores, parecen dedicarse con humor y sin descanso a rituales cuya repetición en vez de mantener el status quo, genera cambio. Al hacer tal cosa, nos demuestran que la existencia no es función de alguna supuesta esencia pero de actos socialemente aceptados y mecánicamente repetidos. Al escribir palabras y articularse a sí mismos en el espacio, los monos de Mitsy personifican este discurso entretenido y deconstructivo acerca del ser humano, un ser que se construye en el hacer, a través de cada una de sus elecciones. Y por mucho que nos hagan pensar con una renovada mirada sobre nosotros mismos y nuestra relación al mundo parecen tener otra extraña semejanza, ésta vez, con algunos objetos de consumo de masas. En algún punto entre los Teletubbies, los nomos de jardín y las Catrinas mejicanas de papier-mâché, estos monos-mascota de pequeño tamaño no sólo desafían el discurso tradicional acerca de la naturaleza y la cultura, sino que además ponen trabas a la hora de entender, de manera demasiado sumaria, la distinción entre las Bellas Artes y la cultura popular. Emergiendo de tales brechas éticas y estéticas, ésta es la turbación con la que los monos de Mitsy Groenendijk nos confrontan: ¿cuáles son las consecuencias y hasta qué punto es válido imitarse a uno mismo y a otros para poder existir?
 

Catherine Somzé, Amsterdam 2005

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